Hoy crear un producto es pensar, hacer y contar al mismo tiempo: lo que se ve, lo que suena, lo que hace y lo que evoca. Y no hay vuelta atrás.

La técnica produce, el criterio eleva. Sin criterio, todo es ruido.

Aprender no es algo que hacemos: es lo que somos, desde que suena la alarma hasta que se apaga la luz. Hay quien deja de aprender. Nosotros no.

¿Utilidad o emoción? Es un falso dilema, siempre lo fue. No elegimos, todo lo importante es ambas cosas.

Aprendemos de quienes ensanchan, conectan, elevan o profundizan, del arte a la empresa y de lo conceptual a lo sensorial.

No hay sentido en el trabajo si no se consagra a algo más que la eficiencia. Es una convicción que viene de lejos y alrededor de la cual nos hemos ido encontrando.

La IA no es una herramienta ni un ingrediente. Es un medio. No se adopta: se habita, se respira.

No elegimos entre pasado y futuro. Trabajamos en el lugar donde ambos se infusionan.

Aprender no ocurre de vez en cuando.
Tiene pulso.